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Panecicos de Semana Santa, postre popular de La Mancha.

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Un conocido dicho gastronómico referido a la península ibérica afirma que “el norte guisa, el centro asa y el sur fríe”, según afirma Mikel Corcuera (Premio Nacional de Gastronomía 1999) en un artículo publicado a primeros del año 2014 en la sección “Saberes y Sabores” del diario Noticias de Gipuzkoa, aunque hoy en día existe un dominio general de estas técnicas en todas partes.

La fritura siempre evoca al sur, pero quien sentó las bases escritas, fue un ilustre gastrónomo galo, quien afirma que “una buena fritura es la invasión de líquido hirviente que carboniza o dora en el momento de la inmersión la superficie exterior del cuerpo sumergido, formando una especie de bóveda que contiene el objeto impidiendo que la grasa penetre en él, a la vez que concentra los jugos que experimentan una cocción interna dando al alimento todo el sabor”.

Todos los postres fritos que aparecen en los tradicionales libros de cocina son los llamados “frutas de sartén”. Hasta comienzos del siglo XX, los hornos – donde se podían cocer las masas de bizcocho, de pan, las quebradas, las hojaldradas y similares- eran casi exclusivos de las panaderías, de las cocinas profesionales y de los palacetes de gente adinerada. En las casas de los pobres, y hasta que aparecieron las llamadas “cocinas económicas”, los únicos postres que se podían realizar en el hogar eran los llamados “de leche” (natillas, flanes, cremas, arroz con leche, etcétera) y las masas fritas como los buñuelos y los canutillos.

Los fritos siempre los encontramos en los países productores de aceite de oliva, que cuando es de buena calidad, no sólo es la grasa más noble y deliciosa del mundo, sino la perfecta para la fritura. Además, este producto da a los fritos no sólo ligereza, sino también un sabor característico. Por eso, lo mejor es usar aceite de oliva, a poder ser virgen extra.

Los recetarios hispánicos de repostería están plagados de masas fritas con dulces rellenos o melosas guarniciones, como las torrijas, los buñuelos de viento, las rosquillas de anís, las flores manchegas elaboradas con artísticos moldes, los churros y bartolillos, los pestiños granadinos, los crespillos de Huesca, las hojuelas cordobesas, los bollos de cuajada canarios, las orejas de Astorga, las almojábanas aragonesas y los panecicos en Albacete (de inequívoco origen árabe), las “casadielles” asturianas fritas (también las hay horneadas) y rellenas de nuez, las orellas gallegas o las cacereñas roscas de Candelilla. En fin, una lista casi interminable.

Hoy os propongo elaborar unos panecicos dulces típicos de la región manchega. Los panecicos son la estrella de los postres de Semana Santa en casa de mi suegra, natural de Alcadozo, un municipio situado en la provincia de Albacete, en la comunidad autónoma de Castilla-La Mancha.

Es un postre que tiene su origen en la llamada cocina de subsistencia, que se elaboraba con los escasos ingredientes de que se disponía en la España profunda. Sus ingredientes principales son miga de pan, huevos y azúcar, aderezados con diversos saborizantes entre los que se incluyen canela, cortezas de naranja y limón, perejil, azafran, piñones, matalauva (semillas de anís), etc., según zonas. Es un plato de ascendencia típicamente musulmana que se elabora tanto en La Mancha, como en el interior de la Región de Murcia y en el noreste de Andalucía, y cuyo aspecto es poco atrayente, aunque una vez que se prueba, resulta exquisito y bastante adictivo.

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Ingredientes:

Para los panecicos:

180 gr de miga de pan de hogaza de un par de días
4 huevos tamaño L
4 medidas de medio cascarón de agua (utilizamos medio cascarón de huevo como medida)
2 cs de azúcar
1 cs de perejil
1 cs de anís en grano
1 cp de azafrán en hebra
aceite de oliva para freir

Para el almíbar:

300 gr de azúcar
1,2 l de agua
2 cs de piñones
3 bastones de canela en rama
2 cs de anís en grano
corteza de 1/2 naranja, sin la parte blanca
corteza de 1/2 limón, sin la parte blanca
2 cs de maizena (opcional)

Preparación:

Desmigamos el pan de hogaza, que debe ser de un par de días como mínimo, rallandolo a mano o con un procesador de alimentos y lo colocamos en un bol.

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Añadimos el perejil picado, 2 cucharadas del azúcar, 1 cucharada de anís en grano y el azafrán que habremos tostado unos segundos a la llama envuelto en papel de aluminio, o sobre un plato a máxima potencia en el microondas, vigilando en ambos casos para que no se nos queme. Mezclamos.

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A continuación incorporamos los 4 huevos con sus 4 medios cascarones de agua, de uno en uno, y los vamos incorporando a la masa con una cuchara. Debemos obtener una textura ni muy líquida ni muy espesa.

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Una vez que tenemos preparada la mezcla, procedemos a freírla. Para ello ponemos el aceite en una sartén honda y esperamos a que esté bien caliente. Tomamos porciones de la mezcla con una cuchara grande y las introducimos en el aceite caliente como si fueran buñuelos. Esperamos a que se hinchen y se suelte la masa, lo que tardará unos segundos.

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Repetimos la operación a la vez que les vamos dando la vuelta para que se doren por todas partes. Cuando se doren los retiramos de la sarten con la espumadera y los dejamos sobre una fuente con papel absorbente para eliminar el aceite sobrante.

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Seguidamente ponemos el azúcar en un recipiente donde nos vayan a caber los panecicos con el almíbar. Calentamos hasta que adquiera color rubio. Y rápidamente, para evitar que se queme, añadimos los piñones, la cucharada de anís, las cortezas de naranja y limón, la canela y el agua.

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Cuando rompa a hervir el almíbar y se haya disuelto completamente el caramelo, disolvemos la cucharada de maizena en un poco de agua fría y la incorporamos en el almíbar para que se espese.

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A continuación pinchamos los panecicos con un tenedor y los introducimos en el almíbar. Mantenemos la cocción entre 5 y 10 minutos.

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Dejamos enfriar el almíbar y los ponemos en una fuente que introduciremos en el frigorífico. Debemos mantenerlos fríos, pues no se conservan mucho tiempo una vez metidos en el almíbar, no más de un par de dias. Servimos los panecicos frios en un plato o un bol con una buena ración de almíbar.

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Espero que os gusten y los disfruteis.

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Gatayef, empanadillas dulces árabes.

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En todo el Oriente Medio y el mundo islámico se celebra el mes de ayuno del Ramadán (en árabe رَمَضَان ramaḍān), que es el noveno mes del calendario musulmán, conocido internacionalmente por ser el mes en el que los musulmanes, por su fe y por sus creencias, practican el ayuno diario desde el alba hasta que se pone el sol. Durante el Ramadán se puede comer, beber y tener relaciones sexuales desde que se rompa el ayuno (puesta de sol) hasta la abstinencia (salida del alba).

Al caer el sol, la prohibición se rompe y se permite comer, momento en que muchas familias se reúnen alrededor de la mesa y comparten.

La hora del iftar (la de romper el ayuno) se hace en torno a mesas cubiertas de todo tipo de alimentos que durante el día han sido elaborados minuciosamente por las mujeres del hogar (ocasionalmente también los hombres, pero no es tan corriente).

Y uno de los platos que nunca falta es la sopa harira, receta ya incluida en este mismo blog. Esta sopa, muy típica del occidente árabe, se consume durante todo el año, pero es especial tomarla en esta época. Se acompaña de ciruelas pasas, dátiles y la subbakkia, una especie de pestiños. Se cocina con tomate, cebolla, cilantro, perejil, carne de pollo o cordero, garbanzos, lentejas, fideos, huevos, pimienta negra y sal. Y el resultado es una sopa sabrosa y contundente, rica en nutrientes para compensar la falta de los mismos durante el día.

Otro plato típico de esta época es la ensalada de berenjenas o el guiso de pollo con pasas, sésamo tostado y almendras fritas, que se presenta montado en pinchitos.

El tabulé es una comida que tampoco falta. Con su aromática mezcla de sabores que le dan el limón, el perejil y la menta, es un plato muy fresco para las calurosas noches de Ramadán.

La variedad de la mesa árabe también se ve en los postres y dulces, hechos a base de piñones, almendras, dátiles y miel entre otros ingredientes, y son una delicia al paladar, siempre y cuando se tenga alta tolerancia al azúcar. Uno de los postres más típicos de este mes de ayuno es el gatayef, qatayef, katayef, atayef o Qataieyf, unas tortas hechas con masa de levadura, harina, agua y leche. La masa queda doblada y se rellena con queso de cabra sin sal, una mezcla de frutos secos y canela. Después se cuecen al horno y se sirven con jarabe de azúcar o miel caliente.

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Todo un despliegue de sabores que se presentan en la mesa al anochecer, para compensar el ayuno durante el día.

Hoy os traigo la receta de este increíblemente fácil y auténtico panqueque árabe llamado Gatayef. Es una masa ligeramente similar al panqueque, relleno de nueces, canela, azúcar, queso y todo tipo de deliciosos productos. Una vez rellenos se fríen y se bañan en un almíbar perfumado con agua de rosas.

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Ingredientes:

Para la masa:

2 tazas de harina de trigo
1/2 taza de sémola de trigo (si no utilizar 2 1/2 tazas de harina)
2 cp de levadura prensada
2 cp de azúcar
3 tazas de agua tibia
2 cs de agua de azahar
Una pizca de sal

Para el relleno de nueces:

400 gramos de nueces peladas
3 cs de coco rallado
2 cs de azúcar moreno
2 cs de canela
1/2 cp de nuez moscada
2 cs de agua de azahar
1 cs de agua de rosas

Para relleno de ashta (nata libanesa):

4 tazas de agua
1 y 1/2 taza de leche en polvo
2 tazas de migas de pan
2 cs de fécula de maíz o maizena
1 taza de nata de leche

Para el relleno de queso:

5 pedazos de queso Nabbulsi (o queso Akkawi menos salado)
100 gr de Pistachos
2 cristales de masilla (mesca horra o mistka)
1/8 cp de azúcar
2 cs de semillas de sésamo negro (Barakeh il habet)
1 cs de agua de rosas

Para el relleno de manzana:

1 manzana rallada
1/2 cc de nuez moscada
1 cc de canela
3 cs de azúcar Moreno
3 cs de nueces tostadas picadas
1 cs de pasas (opcional)

Para el almíbar o jarabe de azúcar (Qater):

3 tazas de azúcar
2 taza de agua
1 cp de agua de rosas
1 cp de agua de azahar
2 cs de limón( después de apagar el calor)

Preparación:

Mezclamos los ingredientes, y dejamos reposar hasta que la masa se vuelva espumosa y duplique su tamaño (es cuando la levadura prensada ha hecho su trabajo), alrededor de 1 hora. Si no estáis seguros de que la levadura está viva, simplemente la disolvéis en un vaso de agua tibia, junto con el azúcar y esperáis a que se vuelva espumosa. Si lo hace, se puede incorporar al resto de ingredientes, pero en caso contrario, hay que sustituirla por otra que este activa.

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Calentamos una plancha o sartén de teflón a fuego fuerte y, cuando alcance temperatura, colocamos un poco del preparado. Sólo se deben cocer por una cara. Debemos hacer unos gatayef más pequeños para los rellenos de nata y queso, y otros más grandes para el de nueces. Cuando se van haciendo burbujas y la cara superior se vuelve mate, los retiramos del fuego con una espátula y los mantenemos cubiertos con un paño de cocina hasta que terminemos. No se deben apilar uno sobre otro cuando están calientes.

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Para preparar el relleno de nueces, machacamos las nueces hasta que los trozos más grandes lleguen a 5 mm de diámetro, luego los mezclamos bien con el azúcar, el coco, la canela, la nuez moscada, el agua de azahar y el agua de rosas.

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A continuación preparamos el relleno de ashta, mezclando el agua a temperatura ambiente, la leche, el pan y la fécula de maíz, removiendo bien hasta que se unan. Luego se pone la mezcla a fuego medio dándole vueltas hasta que empiece a entrar en ebullición.
Añadimos la nata y revolvemos bien, dejando hervir durante 5 minutos. Finalmente ponemos la preparación en el frigorífico.

Seguimos con el relleno de queso. El queso Nabbulsi es un queso semi-duro en salmuera, normalmente hecho de queso de oveja o de cabra. Es originario de la zona de Palestina y sus alrededores y es el principal ingrediente de los pasteles gatayef. El queso Akkawi es un queso elaborado con leche de vaca, también originario de Palestina. Si no disponemos de ninguno de ellos podemos usar un queso fresco blanco de características similares.

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Remojamos el queso durante la noche y cambiamos el agua un par de veces hasta que ya no esté salada. Desmenuzamos y exprimimos de cualquier exceso de agua. En un mortero, añadimos la masilla (meska horra o mistka), que es la resina endurecida del lentisco (Pistacia lentiscus), un árbol pequeño o arbusto nativo de Grecia y la cuenca mediterránea. Vale la pena señalar que el uso de la palabra marroquí meska en referencia a la masilla es una desviación de la palabra árabe estándar de mastekah. En castellano se conoce a este producto como almáciga o mastique, y tiene distintos usos en farmacología. Incorporamos también al mortero 1/4 de cucharada de azúcar y molemos. El azúcar es importante para que la masilla no se pegue a la sartén.

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Picamos los pistachos a continuación, mezclamos todos los ingredientes en un tazón y reservamos.

Ahora preparamos el relleno de manzana mezclando todos sus ingredientes en un bol grande y reservamos.

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Para preparar el almíbar o jarabe de azucar combinamos el azucar y el agua en una cacerola de tamaño mediano, mezclamos a fuego medio y dejamos que el calor haga su trabajo, añadiendo el agua de rosas y el agua de azahar hacia el final, para tener un sabor más fuerte. Una vez hecho esto, retiramos del fuego y añadimos el jugo de limón. Dejamos enfriar. Una vez enfriado, lo colocamos en un recipiente hermético.

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Procedemos entonces a rellenar las empanadillas. Las grandes deben ser rellenadas con las nueces o con el queso, y luego las cerramos en medias lunas, friéndolas o asándolas en el horno hasta que estén doradas y luego bañadas con almíbar frío.

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Las pequeñas se rellenan con el ashta, o con el relleno de manzana, cerrando en forma de medias lunas, pero dejando un resquicio abierto en un lado, de forma que sobresalga el relleno. Luego se colocan en una fuente, se rocían con almíbar y se decoran con pétalos de azahar confitados.

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Espero que os gusten. Que lo disfrutéis.

Roscon de Reyes, el final gastronómico de la Navidad.

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Los católicos celebramos el día 6 de enero la llegada de los Reyes Magos al establo donde nació Jesucristo para llevarle regalos, haciendo también regalos a nuestros hijos.

Ese día, el Roscón de Reyes se convierte en el protagonista en cuanto a comida se refiere. Un dulce que pone fin a la Navidad en numerosos países pero cuya historia y tradición es poco conocida.

A pesar de su gran popularidad, pocos conocen el origen real del Roscón de Reyes. Y es que aunque ahora este dulce pone fin a la Navidad, lo cierto es que su historia se remonta a los romanos y a una tradición nada religiosa. Concretamente, este dulce se asocia a Las Saturnales o Fiesta de los Esclavos. Celebrada en diciembre, se conmemoraba el nacimiento de un nuevo período de luz y el final de los trabajos en el campo. Momento en el cual campesinos y esclavos tenían la oportunidad de descansar y reponerse del esfuerzo realizado durante meses.

Fue entonces cuando se comenzó a elaborar unas tortas redondas, en las que se incluían higos, dátiles y miel, que se repartían entre todos ellos como regalo por el trabajo bien hecho. Años después, ya en el siglo III, se introdujo la tradición de esconder un haba seca. Símbolo de prosperidad, el afortunado que la encontraba era nombrado ‘rey de reyes’ durante un tiempo establecido de antemano.

Cuando el siglo IV la Iglesia convirtió esas fiestas en celebraciones cristianas, la historia del Roscón de Reyes quedó en el olvido. Excepto en Francia, donde comienza a celebrarse Le Roi de la Fave (el rey del haba). Los niños aparecen entonces como protagonistas. Aquellos que encontraban el haba en este dulce, ya de Navidad, eran agasajados con regalos y mimados por todos el 6 de enero, día de la fiesta.

Años después, el reinado de Luis XV en Francia dió el empujón definitivo a la historia y tradición del Roscón de Reyes. Y es que un cocinero esclavo del Rey francés, que comenzó a reinar con tan solo 5 años, se encargó de preparar este bollo al que incluyó un medallón de diamantes comprado por todo el servicio de la Corte. Fue el propio Rey quien se encargó de dar a conocer el Roscón entre la aristocracia francesa y europea. Eso sí, cambiando el medallón de diamantes por una moneda.

Su tío, Felipe V, fue quien introdujo la tradición en España, convirtiéndose rápidamente en una de las fiestas más populares. Los reposteros españoles son entonces los encargados de aunar esta tradición con la historia de su origen y comienzan a incluir un haba como símbolo de un año nuevo y el resurgir de la vida. Es en este período cuando el Roscón de Reyes se une a la tradición de los regalos, poniendo esta fiesta el final a la Navidad.

A partir del siglo XIX, la moneda que se introducía se cambia por una figurita y el haba se vuelve negativa pues, la persona a la que le toca, es la encargada de pagar el Roscón. En la actualidad, incluso, se incluye una corona para nombrar al ‘rey de reyes’, aquel que encuentra en su trozo la figurita, símbolo de buena suerte. Aunque en su origen romano los ingrendientes eran higos, dátiles y miel, en la actualidad los Roscones de Reyes están rellenos de nata, cabello de ángel o chocolate en mousse aunque el que no tiene relleno sigue siendo el más popular.

El Roscón de Reyes se convierte en el dulce típico, sobre todo para rematar la comida del día 6 de enero, cuando los Reyes Magos, que existen y vienen de Oriente, ya han dejado sus regalos en las casas de todos los niños.

Sin embargo, y aunque España es uno de los países donde la tradición del Roscón de Reyes sigue muy vigente, lo cierto es que Francia, Portugal y algunos países americanos como México, donde la historia de este dulce llegó de la mano de los españoles, también celebran este día tan especial para los niños. Una celerbación que pone punto y final a las Navidades, convirtiéndose este bollo en el último de los excesos navideños.

Os aseguro que si seguís esta receta paso a paso os comeréis un roscón de lujo el día de Reyes.

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Ingredientes para un Roscón para unas 8 personas:

350 gramos de harina de trigo (debe ser harina de fuerza)
25 gramos de levadura fresca
130 gramos de leche entera (125 ml)
100 gramos de azúcar
75 gramos de mantequilla sin sal (en punto pomada)
1 huevo entero más 1 yema (usa huevos grande XL o A)
ralladura de 1 naranja
1 cs de ron añejo (del oscuro)
1 cs de Agua de Azahar
1/3 cc de sal fina

Para decorar el roscón:

fruta escarchada
azúcar
almendras fileteadas

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Antes que nada vamos a disolver la levadura fresca en la leche y la dejaremos 15 minutos para que vaya activándose. La leche tiene que estar templada (tibia, no caliente) y lo mejor es meter el bloque de levadura en la leche y con las manos muy limpias disolverla frotándola con los dedos. Si no encontráis levadura fresca podéis usar instantánea o levadura de panadería en grano o polvo. Lo que no se puede usar nunca en esta receta son los polvos de hornear tipo Levadura Royal, que son, a menos que en el paquete se indique lo contrario, levaduras químicas que solo actúan durante la fase de horneado, de forma que el roscón de reyes no crecerá en ninguna de las dos fases de fermentación. Yo siempre uso levadura fresca, pero si usáis la instantánea tenéis que usar una proporción menor de levadura. Yo calculo que para esta receta bastarían 10 gramos de levadura no fresca, pero es solo una aproximación, pues como ya os he dicho siempre hago el roscón con levadura fresca. Si usáis levadura instantánea no tendréis que mezclarla con la leche y la podréis añadir directamente a la harina.

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Ahora reservamos 30 gramos de harina para amasar de los 350 gramos de la receta. El resto de la harina (320 gramos) la ponemos en un bol grande bien tamizada. Añadimos en el centro la ralladura de naranja y el azúcar y esperamos que pasen los 15 minutos del paso anterior. Cuando hayan pasado añadimos también en el centro la leche con la levadura. Ahora mezclamos con una espátula removiendo en el centro del bol incorporando poco a poco la harina del fondo y de alrededor (pero sin incorporarla toda) hasta que se forme una papilla.
La harina de fuerza, también llamada harina de panadería, es una harina rica en gluten que ayuda a que la masa tenga más fuerza. Cada vez es más fácil encontrarla en cualquier almacén bajo uno de estos dos nombres y en América del Sur también se conoce esta harina como harina manitoba. Si usáis otra harina que no sea de fuerza no os garantizo que os salga bien el roscón de reyes.

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Cuando tengamos esa papilla formada añadimos la mantequilla en punto pomada, el ron, el agua de azahar, la yema de huevo y la sal. La mantequilla en punto pomada es como su nombre indica cuando la levadura está cremosa como una pomada. Para conseguir que la mantequilla esté así hay que sacarla un buen rato antes del frigorífico pero con el frío de estas fechas es muy frecuente que la mantequilla no se ablande. Yo lo que hago para ahorrar tiempo es cortar la mantequilla a taquitos cuando la saco del frigorífico. Luego la meto en un bol y al microondas a 800 watios durante 30 segundos. Con este tiempo y a esta potencia la mantequilla solo se derrite parcialmente, lo que haremos es coger un tenedor y batir la mezcla con si batiéramos unos huevos. De esta forma la mantequilla que solo se ha derretido un poco enfría a la que está derretida y viceversa, consiguiendo un mezcla casi de pomada. Luego mete en el frigorífico unos minutos (quizás con 2 basten) y la mantequilla te sale a punto de pomada perfecta.

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Mezclamos con la espátula igual que antes incorporando poco a poco la harina de alrededor. Al final quedará una bola muy pringosa. Lo más importante de todo es que la masa no quede seca (debe estar pringosa) porque de ser así la miga quedará muy densa y el roscón no se disfrutará igual. De todas formas y aunque os quedara algo seca la masa, me arriesgo a aseguraros que si seguís los pasos de esta receta vais a disfrutar de un roscón de reyes de categoría.

Ahora llega el momento más importante de la receta. Espolvoreamos la mesa con un poco de la harina que tenemos reservada y nos enharínamos las manos. Ponemos la masa del roscón sobre la harina y empezamos a trabajarla. Al principio se pegará pero conforme vayamos amasando la masa cogerá cuerpo y se irá despegando de la mesa. Si veis que no hay forma de que se despegue añadid un poco más de la harina que tenemos reservada (pero solo si es necesario). La masa tiene que quedar pringosa pero en un punto en el que si desplazamos rápido la masa por la mesa no se pega pero si la dejamos quieta se pega un poco. El truco está en conseguir una masa que ruede por la mesa sin pegarse usando la menor cantidad de la harina que teníamos reservada. Cuando tengamos la masa en su punto hacemos una bola con ella. Espolvoreamos un poco de harina en un bol grande y ponemos la masa encima. Cubrimos con papel film transparente y dejamos en un lugar cálido (si tenéis una habitación con calefactor es una buena idea dejarla en esa habitación. La masa tiene que doblar su tamaño, lo que tardará de 2 a 3 horas dependiendo de la temperatura de la habitación.

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Cuando la masa haya crecido suficiente es el momento de darle forma. Primero que nada debemos tener preparada una bandeja con papel de hornear encima. A continuación sacamos la masa del bol y la amasamos 1 minuto para sacarle el aire. Formamos una bola con la masa y una vez en las manos le hacemos un agujero en el centro com los dedos pulgares de ambas manos. Sin soltar la masa vamos abriendo el agujero para ir formando el roscón. En las siguientes fotografías podéis ver como se va dando forma al roscón hasta que tenga un tamaño como el de la bandeja más o menos. Cuando lo pongáis en la bandeja encogerá un poco, no pasa nada. Lo estiramos con cuidado en la bandeja hasta que tenga un buen tamaño, se pegará al papel de hornear así que costará un poco pero seguro que os sale sin problemas.

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Aquí podéis ver como queda el roscón antes de la última fermentación y estirado en la bandeja. Lo cubrimos con otro papel de hornear (para que no se seque la masa con el aire) y lo dejamos crecer (levar) en un sitio cálido hasta que al menos doble su tamaño (entre media hora y una hora y media dependiendo de la temperatura). Cuando esté bien grande pintamos con huevo batido (con el huevo que nos faltaba) y decoramos a nuestro gusto (en este caso solo usé fruta escarchada como se ve en la preparación y azucar humedecido).

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Metemos en el horno caliente a 160ºC arriba y abajo. Dejamos 25 minutos (que se ponga bien dorado) y lo sacamos del horno. Dejamos enfriar muy bien antes de cortarlo a lo largo si lo vais a rellenar. Queda suficientemente bueno tal cual. Y ya podemos disfrutar de nuestro roscón de reyes casero.

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Espero que os guste la última receta navideña y que disfrutéis en la mesa con este plato. Feliz Año Nuevo.

Buñuelos de calabaza, valencianía en fallas.

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Ayer fue el 97º Aniversario de la tatarabuela de mi nieto, que como todos los años celebra en su casa una merienda típica fallera a pesar de su origen manchego: “Xocolate amb bunyols de carabassa” para más de cuarenta personas. La vemos en la foto rodeada de parte de sus nietos y biznietos.

Para la celebración fue preciso amasar tres kilos de harina con media calabaza, lo que dio lugar a unos 300 buñuelos que fueron de gustados y aplaudidos por los comensales.

INGREDIENTES:

1 Kg de harina de fuerza
100 g de levadura fresca
1 litro de agua tibia de cocer la calabaza
½ k de calabaza cocida
Aceite de oliva o de girasol para freír

Elaboración:

Lo primero que tenemos que preparar es la calabaza, la pondremos a cocer cortada en pedazos y sin piel ni semillas. Tiene que quedar blandita. Una vez cocida, la ponemos en un bol grande y la chafamos bien con un tenedor. Añadimos entonces el litro de agua tibia de la cocción que habremos reservado y la levadura prensada, y lo movemos bien hasta que esté completamente deshecha.

Seguidamente comenzamos a añadir la harina poco a poco, sin dejar de remover, hasta conseguir una masa blandita, pero bien ligada. Es probable que preciséis un poco más de agua, un vaso aproximadamente, en función de la absorción de la harina. Ahora la dejamos reposar un tiempo, hasta que la masa esté fermentada.

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Como el agua estaba tibia y lleva bastante levadura, solo tardará unos 40-50 minutos en estar a punto. Vemos en el video que acompaño a continuación como se mueve la masa durante el proceso de fermentación.

Ponemos en una sartén una cantidad de aceite considerable, para que al freír los buñuelos no se nos peguen.

Para hacerlos, se coge la masa con la mano izquierda, sin removerla para evitar que se baje, y se presiona el puño para que salga la masa por arriba. Con la mano derecha se recoge el buñuelo introduciendo el pulgar para hacer el agujero y se deposita suavemente sobre el aceite caliente. Se fríen por ambos lados hasta que estén dorados y se retiran del fuego.

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Vemos en las siguientes fotografías a dos expertas buñoleras durante su frenética actividad.

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Para servirlos, los espolvoreamos con azúcar y a disfrutarlos, solos o con un buen chocolate a la taza.

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